El canibalismo y el amor

 Desde mi visi贸n personal, el amor —o m谩s bien, el “concepto de amor”— sigue siendo tan complejo como el primer d铆a. A veces me pregunto si realmente existe o si solo es el intento de llenar el vac铆o de algo que nunca logramos alcanzar o descubrir. Sin embargo, soy un coraz贸n joven, y dudo que siga enred谩ndome en preguntas que quiz谩 no tengan respuesta. 

Entre tantas dudas y lecturas al azar, hace poco encontr茅 una relaci贸n curiosa —quiz谩 incluso “extra帽a” se quede corta para describirla—, algo que me resulta a la vez inquietante y sorprendentemente certero: la idea de que el canibalismo puede entenderse como una met谩fora del amor. 
Pero antes de que dejes de leer este ensayo y lo consideres una completa aberraci贸n, d茅jame explicarte. 

 

Creo que toda esta idea comenz贸 hace un mes, tuve que leer el libro “El perfume” para una prueba de mi colegio, un libro bastante entretenido a mi parecer, pero ese no es el punto. Al finalizar el libro, quede ley茅ndome la 煤ltima p谩gina un m铆nimo de siete veces.  

 

En sus almas tenebrosas se insinu贸 de repente una alegr铆a muy agradable. Y en sus rostros brillaba un resplandor de felicidad suave y virginal. Tal vez por esto no se decid铆an a levantar la vista y mirarse mutuamente a los ojos. Cuando por fin se atrevieron, con disimulo al principio y despu茅s con total franqueza, tuvieron que sonre铆r. Estaban extraordinariamente orgullosos. Por primera vez hab铆an hecho algo por amor. 

-El Perfume (Patrick Suskind 

 

La idea resultaba confusa: ¿c贸mo pod铆a un acto violento manifestarse como una sombra del amor? Pero despu茅s de pensarlo un momento, tal vez no era algo tan “moralmente cuestionable”. Quiz谩 incluso tenga una explicaci贸n biol贸gica. 
A mi parecer, est谩 estrechamente relacionado con lo que se conoce como “agresi贸n tierna”. Tal vez hayas o铆do hablar de este fen贸meno, o quiz谩 no, pero es m谩s com煤n de lo que parece. Cuando algo nos provoca una ternura intensa —como un cachorro, un beb茅 o una imagen que consideramos “demasiado linda”— nuestro cerebro experimenta una sobrecarga emocional positiva. Esa intensidad puede ser tan fuerte que el cerebro activa mecanismos de autorregulaci贸n para equilibrar la emoci贸n. 
Las reacciones suelen ser simples: ante tanta ternura, aparece una respuesta contraria, una especie de impulso por apretar, pellizcar o hacer algo similar. Caricaturiz谩ndolo un pocoes como si el cerebro gritara: “¡Es demasiado tierno para m铆!” 

Tomando esa idea en cuenta, quiz谩s esa sea la conexi贸n que el autor quiso establecer, aunque no puedo afirmarlo con certeza; despu茅s de todo, no puedo levantarlo de su tumba para preguntarle. 
Pero avanzando con el tema, esa no es la 煤nica relaci贸n que puede hacerse con esta met谩fora tan cuestionable. Otro ejemplo podr铆a encontrarse en Plat贸n. A pesar de que no habla directamente del canibalismo, s铆 plantea una idea que guarda cierta similitud y que nos ayuda a completar esta “hip贸tesis” que intentamos formular. 

En El Banquete, Plat贸n reflexiona sobre lo que 茅l considera que es el amor. A trav茅s de sus dudas, experiencias y observaciones, llega a una conclusi贸n que, de alg煤n modo, se acerca al concepto de “canibalismo simb贸lico”: el amor como un deseo de uni贸n absoluta. Quiz谩s esa uni贸n pueda llegar a ser forzada, inhumana u obsesiva, aunque 茅l no la describe de esa forma. Comprender a un fil贸sofo tan complejo requerir铆a m谩s que un simple ensayo, y desviar铆a demasiado el enfoque de esta reflexi贸n. Sin embargo, hay una frase que merece ser destacada:  

El Amor es un ser intermedio entre el mortal y el inmortal, en una palabra, un demonio. 

-Plat贸n, El Banquete  

 

A pesar de no estar directamente relacionada con nuestra tem谩tica, podemos considerar esta frase como una invitaci贸n a la reflexi贸n. En m谩s de una filosof铆a, el amor se presenta como algo monstruoso, incluso perverso, pero a la vez imposible de abandonar. Es una fuerza que el ser humano desea alcanzar y experimentar, por m谩s contradictoria o peligrosa que parezca. Eso, creo yo, para mi est谩 m谩s que claro.  Pero siguiendo con el tema, esta visi贸n no aparece solo en la literatura o en la filosof铆a. Quiz谩s tambi茅n est谩 presente en la misma religi贸n. 
En la religi贸n cristiana, por ejemplo, se nos habla de “comer el cuerpo de Cristo” y de “beber su sangre”, todo en nombre de una profunda sensaci贸n o deseo de amar. Cada persona puede interpretar esta pr谩ctica de distintas maneras —y, claro, dudo que despu茅s de terminar este ensayo vaya a devorar a mi familia por amor; nunca llegar铆a a tal extremo—, pero, aun as铆, es una idea que invita a cuestionarte.  

Mientras escribo, se me ocurre otro ejemplo: la frecuencia con la que asociamos el amor con la posesi贸n o la obsesi贸n. Lo hacemos casi sin darnos cuenta. Quiz谩s todo se condensa en una peque帽a palabra: “te quiero”. 
Puede sonar absurdo al principio, pero si lo pensamos, querer implica posesi贸n, necesidad. “Quiero que esto sea m铆o”, o “te quiero para m铆”. Tal vez quienes usamos esta expresi贸n no lo hacemos con esa intenci贸n, ni vemos a las personas que amamos como objetos, pero, de alg煤n modo, esa tendencia a poseer est谩 en nosotros. 

Queremos que quienes amamos se queden a nuestro lado; si no lo hacen, sufrimos, nos enojamos, buscamos la manera de que regresen. Y si lo asociamos con nuestra tem谩tica principal, esta necesidad de retener, de mantener eternamente con nosotros a quien amamos, puede verse reflejada en el simple acto de comer, en esa necesidad de devorary as铆 mismo, hacer de aquella cosa que tanto amamos, parte de nosotros. 

 

El ser humano es, al fin y al cabo, un animal. Por mucho que intentemos “camuflar” nuestra verdadera identidad, seguimos siendo muy parecidos a nuestras versiones m谩s primitivas. Conservamos esa necesidad de consumir, de obtener, de poseer. 
Y cuando se trata de algo que realmente queremos, de algo que amamos profundamente, ese deseo se intensifica, se vuelve casi incontrolable. 

El canibalismo, entendido como una met谩fora del amor, no solo refleja la obsesi贸n o la necesidad de amar, sino que, a mi parecer, muestra en su m谩ximo esplendor la tendencia humana a apoderarse y, finalmente, destruir aquello que m谩s ama. Es inevitable. Tal vez nacimos as铆, o tal vez fuimos creados para ello… pero esa ya es otra historia. 

 

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